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La generación de los skaters

Enviado por buscapies el Jun 2, 2010 en Opinión

El Buscapiés - La generación de los skatersLas modas cambian y mientras antes los niños salían a la calle a jugar, ahora se pasan la mayor parte del tiempo enganchados al ordenador o a la videoconsola. La nueva era digital está dejando atrás aquellos tiempos en los que los niños se pasaban el día en la calle jugando al sambori, a la comba o a las canicas. Sin embargo, una nueva moda entre los adolescentes está haciendo que se dejen aparcados los videojuegos por unos momentos del día. Se trata del Skate, o como bien se llamaba en tiempos de antaño, el monopatín. Ahora los niños de hoy en día salen a la calle con sus amigos a pasear en Skate y a practicar todas las piruetas que esta tabla de madera con ruedas les permite hacer. Carlos, un niño de 12 años, nos dice: “Me gusta mucho hacer piruetas con mi Skate, es más divertido que intentar hacerlas en un videojuego”. Los Skaters suelen quedar todas las tardes o bien en la calle o en las propias pistas destinadas a la práctica de este tipo de juego. “El ir a las pistas hace que te relaciones con otros Skaters y haces amigos. Es nuestro lugar de reunión”, asegura Carlos. Para los que ya lo habéis probado o para los que todavía no lo habéis hecho, recordad que lo más importante es ir preparado a la hora de practicarlo. Es necesario llevar los equipos de protección adecuados porque sino os podéis hacer mucho daño. Casco, rodilleras, coderas, guantes y si es posible usar zapatillas especiales para Skates. Ha llegado el momento de dejar atrás aquellas tardes cantando la famosa canción del “pelotón número uno” mientras saltábamos a la comba y dejar paso a esta nueva generación que llega sobre ruedas: la generación de los Skaters.
Clara Cerveró

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Conociendo a… un portero

Enviado por buscapies el May 31, 2010 en Deportes, El rincón de tuercebotas

Buenas a todos. Me llamo Marc.
Hoy, mi amigo el Tuercebotas me ha pedido que os cuente quién soy y qué hago. Os adelanto que juego en un equipo infantil de fútbol y soy portero. Empecé a jugar con cinco años y elegí ser portero porque siempre es algo que me ha gustado. Antes decían que los más malos en el fútbol se hacían porteros. No os lo creáis.
Para ser un buen guardameta no se necesita ninguna cualidad especial física. Da igual que seas alto o bajo, sólo importa que te guste. Luego con tus entrenadores te mejoran tus cualidades como desarrollar tus reflejos, golpear bien el balón con las dos piernas, saber caer bien después de una parada para no lesionarte o incluso dirigir a tus compañeros desde la portería. Los porteros tenemos nuestras manías también. Por eso siempre guardamos dentro de ella amuletos que nos dan más confianza como una toalla o una botella de agua. Los más supersticiosos han llegado a poner hasta ajos en la red. Normalmente siempre vestimos con una camiseta de manga larga para no dañarnos los brazos. Los guantes son una parte importante para un portero y sobre todo miramos que tengan un buen agarre con el balón. Los profesionales los confeccionan a su medida y muchos de ellos son personalizados. Solemos jugar con los dorsales 1 y 13 habitualmente. Mis ídolos son muchos. Recuerdo por ejemplo a Chilavert. Este portero nacido en Paraguay no sólo era un gran arquero sino que además lanzaba las faltas y penaltis de su equipo marcando mucho goles. En España, Zamora fue un histórico que además da nombre al trofeo que premia al portero menos goleado en nuestra liga. Arconada, Zubizarreta, Cañizares o Casillas han sido los porteros de España en los últimos años. Como anécdota deciros que algunos porteros han sido conocidos por algún mote como la “araña negra” (Lev Yashin). Dicen que ha sido el mejor portero del mundo.
En fin, os dejo. Me voy a entrenar.

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Alicia en el país de las maravillas

Enviado por buscapies el May 28, 2010 en Opinión

Este pasado mes de Abril ha sido el mes de una niña. Una niña con la más famosa de las imaginaciones. Todos habréis podido contemplar los cartelones publicitarios que daban cuenta de un estreno cinematográfico muy esperado. Un director norteamericano llamado Tim Burton nos propone que le acompañemos a ser testigos, nuevamente, de como alguien, de pronto, tras ver a un conejo hablando en voz alta, decide introducirse en una madriguera para dejarse caer a un extraño fondo. Sé que sabéis de quien os estoy hablando. Alicia ha vuelto. El país de sus maravillas está preparado para que lo transitemos, para que lo visitemos en calidad de turistas abandonados a la fantasía de una niña que tenía muchísima para gastar. Esta nueva versión del cuento de Lewis Carroll contiene muchas diferencias con respecto a la clásica de Walt Disney de los años cincuenta. Os animo a que tratéis de hacer la comparación. La más evidente es que en la de ahora hay actores de carne y hueso. Alicia es mucho más mayor que en la peli de dibujos animados y también hay alguna que otra aportación del director. La película es un prodigioso espectáculo visual. Está magníficamente elaborada. El universo soñado está reflejado atendiendo al delirio de la desbordante ilusión con la que Alicia se adentra en ese reino de lógicas disparatadas y seres completamente estrambóticos. Sin embargo, a mí me da la impresión de que la primera versión es superior. La de ahora es mejor técnicamente, pero la que todos hemos devorado respira ese vapor emocionante y sensible que se llama sentimiento. Ya me direis.
Celso Hoyo Arce Ldo. Filología Hispánica y Comunicación Audiovisual. Crítico de Zinema.com y Lamarquesa.com, comentarista en Radio Sport ¡Viva el sábado! y Ya estamos solos. celsohoyoarce.blogspot.com.

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A mis maestros, con afecto

Enviado por buscapies el May 26, 2010 en Aprendiendo con ellos

El Buscapiés - A mis maestros, con afectoQueridos amigos y amigas: Cuando yo tenía vuestra edad vivía en un pueblecito del pirineo aragonés, llamado Boltaña, en la provincia de Huesca, a 96 km de la capital. Allí nacieron cuatro de mis diez hermanos. Allí fui a la escuela y cursé los primeros años de bachillerato hasta que mi padre fue destinado a Huesca. Recuerdo con cariño a todos y cada uno de mis compañeros. Compartimos aula y aprendimos juntos desde las primeras letras, pero además jugábamos al fútbol en el equipo infantil de nuestro pueblo, hacíamos teatro, jugábamos a la taba, al sambori, a las canicas,… También aprendimos a mirar el cielo, porque para eso es una ventaja vivir en un pueblo, y a querer a los animales y a la tierra. Algunos niños acudían a la escuela desde caseríos lejanos, a un par de horas de marcha, caminando o en mulo, con frío y con nieve. Y es que la vida en aquellos pueblos y en aquellos años no era fácil. Mi amigo Quiné, al salir de clase por la mañana, antes de comer, tenía que llevar la comida a su padre a un pequeño campo, a dos kilómetros caminando hacia Ainsa, que era el patrimonio familiar. La casa de Quiné, o mejor, de sus padres, constaba de la planta baja, donde estaba la cuadra, y el primer piso que era la vivienda.
A veces, hacíamos juntos los deberes y por eso yo conocía su casa, ahora de turismo rural, y me alojo en ella cuando vamos a Boltaña. Pero, precisamente porque no sobraba de nada, el espíritu de superación era una constante que cada familia inculcaba en sus menores. Por eso fuimos educados en el valor del esfuerzo. E inseparablemente fuimos educados en el respeto a los profesores, porque a fin de cuentas son los que nos prepararían para, con nuestro esfuerzo, conseguir un futuro mejor… Supimos más de obligaciones que de derechos y comprendimos que no es posible renunciar a la disciplina, al esfuerzo y al mérito. Aprendimos que el futuro se lo gana cada uno y que, como dice Joseph Joubert, “el que tiene imaginación sin conocimientos tiene alas, pero no pies”. Ahora, ya mayores, cuando coincidimos en Boltaña, organizamos una cena y revivimos nuestra infancia. Sin darnos cuenta valoramos el ayer y el hoy de cada cual y tengo la sensación de que estamos orgullosos los unos de los otros.
Puedes leer más en El Buscapiés de mayo, ¡Ya está en tu kiosco!

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La calentura de Santi

Enviado por buscapies el Abr 27, 2010 en Aprendiendo con ellos

Dr. Joaquín Ybarra Huesa Puericultor del Estado Director de la EVES (Escuela Valenciana de Estudios de la Salud. Conselleria de Sanidad)
Queridos chicos y chicas: El niño, como el adulto, y en general las aves y los mamíferos, es un ser homeotermo, es decir que mantiene una temperatura constante y hasta cierto punto independiente de la temperatura ambiental. Disponemos para ello de un termostato, un centro nervioso localizado en la base del cerebro (en el hipotálamo) y denominado centro termorregulador, capaz de activar la producción de calor o la pérdida del mismo por parte de nuestro organismo, para mantener la temperatura corporal dentro de un rango muy estrecho. Sin embargo, en ocasiones, el termómetro nos informa de una elevación significativa de la temperatura corporal que puede ser motivada por una serie de procesos diferentes tanto en su mecanismo de producción como en su tratamiento. El primero de ellos es la fiebre, el segundo se denomina hipertermia y al tercero, un tanto especial, lo llamaremos hoy “la calentura de Santi”. Las infecciones son la causa más frecuente de fiebre, aunque no la única. Sirvan como ejemplo las conocidas reacciones febriles a la vacunación, los estados postoperatorios o diversas enfermedades orgánicas. De un modo elemental, la fiebre se produce cuando determinadas sustancias, llamadas pirógenos, derivadas de las bacterias o virus que invaden el cuerpo o formadas por nuestras propias células inmunitarias, actúan sobre el centro termorregulador del hipotálamo incitándole a elevar su punto de ajuste. Es en realidad una respuesta adaptativa porque ayuda al cuerpo a combatir los microorganismos causantes de la infección. En la práctica, se considera que un niño tiene fiebre cuando la temperatura axilar sobrepasa los 37’5º C (o la temperatura rectal los 38º C). En general, la medicación antitérmica, indicada cuando la fiebre supera los 38 – 38’5º C y causa en el niño un malestar significativo, es eficaz. Paracetamol e ibuprofeno son medicamentos antitérmicos seguros, aunque debéis saber que su repetición sin respetar los intervalos horarios es causa frecuente de intoxicación.
Puedes leer más en El Buscapiés de abril, ¡Ya está en tu kiosco!

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