A mis maestros, con afecto

Enviado por buscapies el May 26, 2010 en Aprendiendo con ellos |

El Buscapiés - A mis maestros, con afectoQueridos amigos y amigas: Cuando yo tenía vuestra edad vivía en un pueblecito del pirineo aragonés, llamado Boltaña, en la provincia de Huesca, a 96 km de la capital. Allí nacieron cuatro de mis diez hermanos. Allí fui a la escuela y cursé los primeros años de bachillerato hasta que mi padre fue destinado a Huesca. Recuerdo con cariño a todos y cada uno de mis compañeros. Compartimos aula y aprendimos juntos desde las primeras letras, pero además jugábamos al fútbol en el equipo infantil de nuestro pueblo, hacíamos teatro, jugábamos a la taba, al sambori, a las canicas,… También aprendimos a mirar el cielo, porque para eso es una ventaja vivir en un pueblo, y a querer a los animales y a la tierra. Algunos niños acudían a la escuela desde caseríos lejanos, a un par de horas de marcha, caminando o en mulo, con frío y con nieve. Y es que la vida en aquellos pueblos y en aquellos años no era fácil. Mi amigo Quiné, al salir de clase por la mañana, antes de comer, tenía que llevar la comida a su padre a un pequeño campo, a dos kilómetros caminando hacia Ainsa, que era el patrimonio familiar. La casa de Quiné, o mejor, de sus padres, constaba de la planta baja, donde estaba la cuadra, y el primer piso que era la vivienda.
A veces, hacíamos juntos los deberes y por eso yo conocía su casa, ahora de turismo rural, y me alojo en ella cuando vamos a Boltaña. Pero, precisamente porque no sobraba de nada, el espíritu de superación era una constante que cada familia inculcaba en sus menores. Por eso fuimos educados en el valor del esfuerzo. E inseparablemente fuimos educados en el respeto a los profesores, porque a fin de cuentas son los que nos prepararían para, con nuestro esfuerzo, conseguir un futuro mejor… Supimos más de obligaciones que de derechos y comprendimos que no es posible renunciar a la disciplina, al esfuerzo y al mérito. Aprendimos que el futuro se lo gana cada uno y que, como dice Joseph Joubert, “el que tiene imaginación sin conocimientos tiene alas, pero no pies”. Ahora, ya mayores, cuando coincidimos en Boltaña, organizamos una cena y revivimos nuestra infancia. Sin darnos cuenta valoramos el ayer y el hoy de cada cual y tengo la sensación de que estamos orgullosos los unos de los otros.
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