Violencia: ¿Por qué?

Enviado por buscapies el Feb 4, 2010 en Aprendiendo con ellos |

Queridos amigos y amigas: Sé que El Buscapiés es un periódico de lectura compartida por vosotros y vuestros mayores (madre o padre, a veces abuelos o maestros). Me gustaría especialmente que las líneas que hoy escribo fueran leídas o comentadas con ellos. Quiero reflexionar sobre un hecho que, por desgracia para nuestra sociedad, es notablemente más frecuente ahora que hace tan sólo unos cuantos años según comentan los especialistas y según las noticias que todos leemos y oímos en los medios de comunicación. Me refiero a las conductas violentas de los niños y adolescentes frente a otros niños, frente a sus padres o frente a los maestros.
Comenzaré por deciros que, en mi opinión, salvo excepciones, la violencia tiene un trasfondo común que es, ni más ni menos, el fracaso de la educación. Por eso creo que es una situación susceptible de ser corregida, aunque no fácil. Voy a relataros la historia de dos adolescentes que tienen en común un modo de ser agresivo y violento. El primero siempre ha sido un niño consentido. Sus padres, ocupados casi todo el día, eran totalmente permisivos con sus caprichos y nunca establecieron unas normas y unos límites a su comportamiento. Desde muy pronto advirtió que era el centro del universo en su casa y se convirtió en un pequeño tirano. Tenía sólo dos años cuando su madre repetía que no podía con él… Nunca recogió sus juguetes porque la abuela se encargaba de ello. Cuando discutía con otros niños de la terraza, su padre le daba sistemáticamente la razón y ponía firmes a sus amigos sin preguntar nada. Siempre tuvo las mejores marcas de zapatillas porque sus padres no soportaban que el niño fuera menos que nadie. No se le castigó cuando, con otros amigos, hizo estallar media docena de papeleras de la calle porque, según sus padres, el niño sólo hacía travesuras de su edad. Nunca se le privó de una paga semanal, aunque nadie le preguntó jamás en qué se la gastaba y con quién. Cuando el maestro le amonestó por una falta de comportamiento, su padre le escribió una nota al maestro diciéndole que fuera la última vez que se entrometía en la educación de su hijo. Cuando el niño quiso le compraron un perro y cuando el niño quiso, seis meses después, lo abandonaron en la carretera porque era un incordio para todos. Hoy está integrado en una panda de comportamiento antisocial que lucha contra todo y contra todos.
El segundo tiene una historia bien diferente pero con el mismo final. El padre de este otro niño nunca le dio muestras de afecto (“no me hables, que estoy cansado” era el saludo del padre cuando llegaba de trabajar), le hablaba siempre a gritos y le pegaba con frecuencia por su falta de diligencia o su mal rendimiento escolar. Este chico tuvo siempre un sentimiento de soledad, de poca atención y aprendió que la autoridad se conseguía con gritos y a golpes. Y luego lo ha puesto en práctica. Las familias de uno y de otro dicen que no entienden cómo el chico tiene el carácter que tiene y se comporta como se comporta… He señalado al principio que el fracaso en la educación es responsable de la mayor parte de conductas violentas. No siempre pero casi siempre. Por ello, no me resisto a enumerar unas cuantas consideraciones al respecto,… Los padres deben hacer saber a sus hijos que los quieren, incluso cuando su comportamiento haya sido inadecuado. Deben ser consecuentes con las reglas, los límites y la disciplina porque son fundamentos de la educación. Deben brindar a sus hijos la atención que merecen, hablar con ellos y escucharlos y mostrar interés por sus actividades y sus compañías (¿saben con quién van?). Ser ejemplo y tratar en el día a día de inculcar valores como el respeto (a los mayores, a los profesores, a las personas diferentes,…), la igualdad, la solidaridad y la paz. No permitir la violencia en el hogar ni que sus hijos se habitúen a convivir con la violencia (¿qué ven en la televisión?) ni a responder a la violencia con más violencia.
Dr. Joaquín Ybarra Huesa Puericultor del Estado Director de la EVES (Escuela Valenciana de Estudios de la Salud. Conselleria de Sanidad)

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