Ese niño que no para

Enviado por buscapies el Ago 9, 2009 en Aprendiendo con ellos |

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad afecta a uno de cada veinte o treinta escolares. Los niños afectados no sólo ven alterado su ritmo de vida en los hogares sino que en el colegio disminuye su capacidad de aprendizaje y de relación con sus compañeros. Sobre este tema trata el artículo del Dr. Joaquín Ybarra, quien resalta la importancia de la paciencia y la ilusión de los padres como elementos fundamentales para controlar la hiperactividad.
Queridos chicos y chicas: A veces, sin pretenderlo, somos injustos con personas que nos resultan muy próximas. Veréis… Lo que os voy a contar se refiere a un niño de siete años. Es un niño que se siente marginado, su autoestima es baja y yo diría, incluso, que no es feliz. Cuentan sus padres que durante el primer año era muy latoso. Dormía mal, era vomitador, llorón,… Dicen que era un bebé con un temperamento difícil. Después, al irse haciendo mayor, era un niño tremendamente inquieto, no como la mayoría sino más: no paraba de moverse en la silla y era incapaz de mantenerse sentado para cualquier juego o tarea, se levantaba y corría o saltaba sin ninguna finalidad, todo lo tocaba y hablaba sin parar, contestando incluso antes de que terminaran de hacerle cualquier pregunta. Realmente, resultaba agotador para sus padres. En una ocasión, se soltó de la mano de su madre en un supermercado, y todos los botes de tomate rodaron por el suelo. Sus padres no sabían qué hacer para que se comportara de manera más pausada, porque ni las regañinas ni los castigos surtían ningún efecto. El caso es que continuamente le advertían con un “NO” (no toques el jarrón, no saltes en la cama, no corras, no interrumpas cuando hablo, no, no, no) y el niño sabía que, a menudo, los padres lo calificaban de más malo que una traca, malo, malo, malo. Para colmo, en una ocasión provocó un disgusto familiar porque mordió a su primo por no dejarle jugar. Y él mismo sufrió un atropello de moto provocado por su modo de ser impulsivo, al cruzar la calle sin mirar a derecha ni a izquierda corriendo detrás de una pelota.
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