Estrés compartido

Enviado por buscapies el Jun 8, 2009 en Última página |

Existen en toda escuela o instituto profesores bienintencionados, pero no muy acertados, que piensan que para aliviar la carga de deberes y trabajos varios, lo mejor es proponer a los pobres alumnos los temidos “trabajos en grupo”. Yo tiemblo al oírlo, al pensar en las horas interminables de discusiones del tipo: “Ese título no me gusta” o “Tienes muchas faltas de ortografía, volvamos a empezar”, en las repetidas reuniones en casa de unos y otros, no precisamente placenteras. Mis compañeros tiemblan también, al imaginarse la clásica riña que comienza con un “¿Por qué no me has elegido para que vaya contigo en el grupo?” o con un “No pienso quedar el sábado. Mi fin de semana es sagrado” Y por supuesto, mis padres tiemblan tanto o más que nosotros, asustados ante la idea de ver su casa invadida por un enjambre de niños peleones que no se ponen de acuerdo en nada cuando, inexplicablemente, siempre han parecido buenos amigos. Pero toda situación comprometida tiene una salida: el optimismo.
¿Existe acaso un lado bueno en todo esto? Sí, claro que sí. En primer lugar, para los que observan desde fuera la situación es divertidísima: cuatro o cinco amigos de toda la vida discutiendo por la posición de una letra o por la rectitud de una línea. Es, como mínimo curioso, socialmente hablando. Pero también los que lo vivimos podemos encontrar sus cosas buenas. Por ejemplo, que quieras que no, cada trabajo en grupo significa una merienda gratis en casa de un amigo, con toda la interacción social que eso conlleva: conversaciones con la madre, entre los miembros del grupo…
Y, aunque no lo parezca, un simple trabajo de historia entre cuatro da pie a muchísimas anécdotas divertidas. Yo, desde mi experiencia, tengo cantidad suficiente como para escribir un libro: madres maniáticas de la limpieza que no paran de barrer por donde pisas, un amigo demasiado trabajador que no deja tareas para los demás, meriendas vegetarianas…
Dicen que la persona más sabia es la que más mundo conoce. Pues bien, los trabajos compartidos me parecen una buena forma de conocer mundo sin salir de la ciudad. Por supuesto que proporcionan conocimientos académicos (para eso son trabajos) pero nos aportan también otra clase de conocimientos: sociales, humanos, de cooperación… Y, por último, pero no menos importante solo me queda añadir que: ¡ánimo! Con esfuerzo y paciencia, todo se consigue.
Marta Rojo
14 años  Alumna de tercero de ESO

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