El rincón de los mensajes

Enviado por buscapies el Ene 5, 2009 en Opinión |

Lo llamábamos el gallinero pero se trataba en realidad del patio trasero de la casa donde nací y en la que viví hasta que tuve 28 años.
El patio, como a mí me gusta recordarlo, medía unos sesenta metros y salíamos a él desde la cocina. Había, recuerdo, un pilón con su grifo oxidado y una manguera de goma con la que regábamos el suelo hasta encharcarlo. Junto a la tapia había dos árboles a los que mi hermano y yo nos subíamos para escapar de las iras de la abuela, aunque de poco servía porque ella se sentaba al pie del árbol y esperaba pacientemente con una escoba a que hambrientos bajáramos a recibir nuestro castigo y, de paso, la merienda; al final todo se resolvía con unos cuantos escobazos al aire.
Al fondo del patio y tras una alambrada estaba el gallinero, con una cabra, una oveja que se llamaba Soltera, un cerdo y varias gallinas de las que cada día recogíamos los huevos recién puestos y aún calientes; había, además dos pavos, un perro, algunos gatos y escarabajos negros como el tizón a los que impedíamos, entre risas, entrar en su madriguera.
Mamá estaba todo el día trabajando porque papá pasaba largas temporadas en un hospital a causa de su enfermedad. Éramos entonces muy pequeños así que durante el día nos cuidaban la abuela y su inseparable escoba. Recuerdo muy pocas cosas de papá, el día en que no se por qué motivo estrelló contra la pared un plato de comida (papá era así). En otra ocasión yo fingí sentirme mal para no acudir a la escuela pero cuando él llegó a casa descubrió el engaño y me llevó al colegio a correazo limpio para que no volviera a mentir.
Puedes leer más en El Buscapiés de diciembre, ¡Ya está en tu kiosco!

Etiquetas:

Copyright © 2017 El Buscapiés, el periódico para toda la familia Todos los derechos reservados. Aviso legal y política de privacidad

Diseñado por PEMAS Servicios Profesionales, S.L. y Laptop Geek .