El nacimiento del SANT YAGO (Desde la nostalgia)

Enviado por buscapies el Dic 21, 2008 en General |

Lo que se inició casi como un juego, alrededor de un “Club de música” y con motivo de una celebración anticipada de la Navidad en un inquieto Colegio Mayor -el misteriosamente desaparecido Santiago de la calle de las Comedias- sigue siendo hoy una fruta madura que han saboreado mil y una salas diversas a lo largo del mundo.
Corrían los años sesenta: ¡Qué tiempos aquellos de utopía y rebelión, pero también de realidades cultas y sociales! La cultura tenía un alcance político y lo político tenía su reflejo en el terreno cultural, Y todo ello abonado con largas “sentadas” en la austera mesa de estudio: cuatro patas, un tablero y los plúmbeos libros de texto.
Entre bromas y veras -y robando horas al descanso-, nacía este prestigioso grupo coral al calor de un ambiente colegial fuertemente motivado en todos los ámbitos de la cultura, prácticamente autogestionada por los colegiales. De modo que este Sant Yago comienza su andadura casi sin enterarse la dirección del Colegio aunque pronto se convirtió en su cómplice. Como no podía ser de otro modo en aquellos años, el coro era sólo masculino: un “impuesto” de los tiempos y herencia de tantos prejuicios que pronto se volverían contradictorios.
Es verdad que la música siempre es “cosa de musas”, y difícilmente podía adquirir el coro sentido y vigor estéticos sin la colaboración de “ellas”.
El empeño de José Ramón –nuestro particular y entrañable “bisbe”- y sus muchachos lograron convencer a las chicas más decididas -y con buen timbre de voz- de la cercana Residencia de Reparadoras, y pronto comenzó a contar con el necesario timbre femenino. También ello hizo crecer la “afición” por asistir a los duros ensayos en fines de semanas.
La actividad se precipitó de forma insospechada: participación en concursos corales como el del Teatro Romano de Sagunto -ya el primer año y sin hacer el ridículo en una memorable velada veraniega-, una gira de conciertos camino de la Universidad de Navarra, San Juan de la Peña,.. Y ya luego, los intercambios internaciones y participación en audiciones corales con acompañamiento de orquesta. Todo ello alternado con tantas intervenciones ante públicos populares (recuerdo nuestro viaje a Losa del Obispo). Siempre lo vi como precipitado de un rico y serio amateurismo, pero sin descuidar la responsabilidad casi profesional de sus componentes: cantar era como “evangelizar” con, de, hacia, en, desde el alcance educativo y enriquecedor de la música de un coro amateur surgido sin ayudas institucionales al calor de un ambiente universitario y colegial.
La inauguración del Palau de la Música de Valencia en los 80 fue quizá el mejor escenario para su promoción en el Cap i Casal.
Ya me gustaría recuperar todos los datos que nos permitieran acercar a la memoria los contenidos de cada uno de los conciertos: cantar en latín, asunir mil y una formas y tipos de música (¡Ay, aquel Triste estaba el Rey David de finales de los sesenta!) podría hacernos caer en la cuenta de lo que las diferentes generaciones corales han aportado gratuita y graciosamente.
Pero lo que siempre aparecía de forma marcada en todas sus intervenciones es su vocación y origen universitarios con la preocupación de ofrecer una música seria, culta, de calidad y accesible a cada público. Y sin olvidar un permanente “toque” para los ricos fondos de la música religiosa.
Desde la nostalgia contenida, y como no podía ser menos, ¡Enhorabuena por la constancia en el buen hacer!
Daniel Plá

Etiquetas:

Copyright © 2017 El Buscapiés, el periódico para toda la familia Todos los derechos reservados. Aviso legal y política de privacidad

Diseñado por PEMAS Servicios Profesionales, S.L. y Laptop Geek .